
Durante todo el día vivimos hacia afuera, ocupándonos del trabajo, de la familia, de las situaciones económicas, lidiar con el tráfico de la cuidad... todo ello produce lo que llamamos stress , que no es otra cosa que el conjunto de frustraciones acumuladas en nuestro pensamiento debido al conjunto de cosa con que nos enfrentamos; esto produce tensiones en nuestro cuerpo que se traducen en músculos rígidos y articulaciones endurecidas o en otros casos dolores de cabeza, problemas para conciliar el sueño y una sensación de cansancio constante aun después de dormir durante la noche.
Por eso, es que así como miramos hacia afuera también miremos hacia adentro, concentrándonos un momento con nosotros mismos uniendo cuerpo y mente; a esto se le conoce como meditación. Pero el primer paso para iniciar una correcta meditación consiste en aprender a relajarnos. La relajación física es profúndamente terapéutica y produce efectos mentales inmediatos. Cuando se relajan los músculos se relaja también la mente y ésta descansa, ya que están íntimamente interconectados reaccionando directamente uno el sobre el otro.
En realidad se considera que la relajación es la primera forma de meditación, ya que tomamos conciencia de nuestro cuerpo. Lo único que hace falta para relajarnos es una postura que nos permita "soltarnos" y una recorrida mental observando detenidamente todo el cuerpo. A continuación un ejercicio práctico (consta de dos partes) para lograr la relajación :
Parte Primera

Respira lo más profundamente que puedas tres veces Después lleva tu atención a tu pies. Tómate tu tiempo para sentirlos y después imagina y siente como pesan y se relajan; pesan y se relajan.
Sigue subiendo llevando tu atención a través de la tibia, peroné y rodillas.
Tómate tu tiempo para sentirlos y después imagina y siente como pesan y se relajan; pesan y se relajan.
Sigue subiendo llevando tu atención a través de los muslos, pantorrillas, genitales, glúteos y cintura.
Tómate tu tiempo para sentirlos y después imagina y siente como pesan y se relajan; pesan y se relajan.
Sigue subiendo llevando tu atención ahora a través del abdomen, pecho, espalda, hombros, brazos y manos.
Tómate tu tiempo para sentirlos y después imagina y siente como pesan y se relajan; pesan y se relajan.
Sigue subiendo llevando tu atención a través de tu cuello, músculos de la cara, cuero cabelludo, y finalmente mente.
Tómate tu tiempo para sentirlos y después imagina y siente como pesan y se relajan; pesan y se relajan.
Vuelve a respirar profundamente tres veces y siente como eres un todo que pesa y se relaja; pesa y se relaja.
Parte Segunda
A continuación imagina una luz muy dorada y brillante que comienza a introducirse en tu mente.
Esa luz es totalmente revitalizante, de manera que siente como te despeja la mente y calma todas las ansiedades.
Visualiza como esa luz va bajando por tu cabeza, a través de tu cuello, hombros, espalda, brazos y manos, pecho, abdomen, cintura, glúteos y genitales, pantorrillas y muslos, rodillas, tibia y peroné, tobillos y finalmente pies.
Tómate todo el tiempo que necesites para que esa luz inunde todas esas partes de tu cuerpo y las revitalice, despeje y equilibre.
Cuando hayas llegado a los pies imagina y siente como la luz hace que estés todo dorado, sale a chorros por las plantas de los mismos, y comienza a moverlos poco a poco. Ve moviendo todo el cuerpo lentamente hasta ir desperezándote del ejercicio y finalmente abre los ojos.
Después levántate y estírate, especialmente la espalda.
Practícalo siempre que lo desees y pronto comenzarás a ver los resultados.
(cristina sabogal)









